Que nuestra añoranza de un mundo desaparecido es inútil, no cabe duda. En efecto, aquel mundo, tal como era, no podrá volver jamás. Y por otra parte, no está claro que eso sea lamentable. El hecho de que nosotros le lo que también está claro es que el ser humanos sintamos la necesidad de añorarlo, porque era el mundo que hospedaba nuestra juventud, no implica más que una inclinación sentimental, una debilidad de nuestro espíritu. Pero dicho esto, le resulta totalmente imposible establecer qué cosas les son útiles y que cosas le son inútiles. El ser humano no lo sabe. (Natalia Ginzburg.- Vida colectiva)