El poder de la escritura para mantener viva la memoria, para no olvidar los horrores que, a veces, la misma memoria prefiere esconder por lo monstruosos que resultan. El poder de la escritura como herramienta de esperanza y como consuelo en los momentos más duros. Eso ha sido para mí “Postales del Este”. Aunque la historia tiene dos líneas temporales, la mayor parte de la novela se desarrolla en el pasado y nos descubre la vida de Ella y los horrores del campo de concentración de Auschwitz. Bella recibe una caja llena de postales. “Son postales que tu madre escribió cuando estuvo en el Este. Así las llamó: Postales del Este. Ella quería que las leyeras a su debido tiempo. Y ese tiempo es ahora” Bella descubre por qué a su madre “no le gustaban las sirenas, ni los zapatos grandes, ni los edificios de ladrillo rojo, ni los perros que ladran, ni los motores encendidos en los camiones, ni el barro convertido en lodazal, ni los guantes blancos...” se adentra en lo sucedido casi cuaren...