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El jardín de las mujeres



El jardín de las mujeres es un libro mágico.
Un libro en el que sientes cada una de las emociones de las mujeres que lo pueblan, en el que te encuentras unida a ellas por lazos trenzados de sentimientos, sensaciones, valores.
Es un libro sobre el que paseas despacio paladeando las palabras y buceando en las almas de cada una de las mujeres mientras las acompañas a lo largo de sus vidas.
Asana, Serah, Mariama y Hawa, cuatro historias, cuatro vidas trenzadas que narran la saga de la familia kholifa de la mano de Abie que vuelve a África para hacerse cargo de la herencia que su abuelo le dejó al morir.
Habla de mujeres fuertes, débiles, orgullosas, valientes, madres, hijas, locas, sensatas..., mujeres sobre las que se va tejiendo la historia de un país, la historia de una guerra,, la historia del deseo de alcanzar la libertad.

“Son historias que empezaron en un sitio y acabaron en otro. Que se han quedado suaves y bruñidas, de contarlas tantas veces. Tantas que pensé que tal vez ellas lo habían planeado así, que solo habían aguardado el momento propicio para contactar conmigo.”

“Vi un hombre que era educado conmigo, y vi la forma de liberarme de mi madre. Salí huyendo del humo para darme de bruces con el fuego”

“Cuando mi madre se fue, solo hubo silencio.”

“Sola en la estancia, bailaba. Con pasos seguros, sin la torpeza de un bebé. El cuerpo combado como una palmera que dobla el viento. Cruzó un pie, cruzó el otro. Los brazos extendidos. La barbilla alzada. La cabeza inclinada, desnuda, afeitad. Los dedos doblados hacia atrás. Formó un arco perfecto. Dio vueltas y vueltas. Vueltas y vueltas”

“Nombres. El nombre de la madre de mi madre. El de mi abuela. El de mi bisabuela y el de su madre. Los de las mujeres que hubo antes.Las mujeres que me hicieron. Cada piedra estaba brindada y escogida en memoria de una mujer a su hija.”

“Hay cosas que aprendí de niña. Cuando era una cría, incluso antes de aprender que tenía que labrarme mi propia fortuna, descubrí solita que no debía dejar que la gente descubriera lo que sabía”

“Una vez casada aprendí un montón de cosas... Más bien podríamos decir que aprendí cosas acerca de mí misma. Aprendí sobre nosotras. Aprendí sobre las mujeres: sobre cómo acabamos siendo quienes somos, cómo nos damos forma a nosotras mismas, cómo nos formamos unas a otras”

“Lo que recuerdas luego no es el dolor. Eso eso se olvida,como el dolor de dar a luz. No, lo que recuerdo con pelos y señales es el sonido de la hoja de metal que corta la carne. Es un sonido normal y corriente, como el de una cocinera que corta un ala de pollo... Me concentré en una sola cosa:caminar, alejarme de aquel sitio- Un paso y otro paso. Un pie delante del otro.”

“Un día me di cuenta de algo que tenía que ver con este sueño, que había tenido muchísimas veces antes. Algo faltaba. Me eché hacia atrás y miré el sueño, del modo que uno mira un cuadro o un paisaje. Lo miré desde todos los ángulos, desde el sendero que conducía a la puerta hasta la hamaca vacía que se columpiaba frente e incluso registré los rincones de las habitaciones. Pero no estaba. Mira en mi sueño no había un hombre. Solo yo y mi casa y mis niños. Y supe que era feliz como nunca lo sería.”

“Cuatro damas africanas tomando un baño, un grupo de sirenas apostadas en el río.”

A través de sus historias sentimos la desesperación que produce la guerra, el desasosiego, el miedo, incluso el terror aderezado con la necesidad de seguir hacia adelante, la valentía, la pasión, la dulzura, la esperanza...

“Advirtió a sus hermanos que los pothos no eran de fiar. Les dijo que ningún hombre blanco da nada sin esperar mucho más a cambio. Ellos no quisieron escucharle”

“Bebés paganos. Eso es lo que éramos. Sabíamos que había un proyecto que se llamaba Bebés Paganos que sufragaba nuestros bautismos, aunque jamás pensamos que esos bebés fuésemos nosotras.”

“Fue la primera vez que vi cómo los europeos a menudo optan por hacer las cosas de la manera más complicada. Las monjas preferían llevar los libros bajo el brazo y no sobre la cabeza, de modo que teníamos que correr delante de ellas para abrirles las puertas.”

“”Durante unos instantes olvidé mis penas y el lugar del que venía. Solo tuve un pensamiento en mente: había visto el mar.”

“Lo cierto es que cuando dejamos de tener miedo, ellos ya no podían hacer nada.”

“En el aire reinaba una gran quietud. Vista desde fuera parecía una gran calma, pero por debajo de la superficie existían corrientes invisibles, poderosas, turbulentas: el miedo, el recelo, la confusión.”

“Los asesinos, los inocentes y aquellos cuya belleza era una ofensa, unos junto a otros en una misma fosa común.”

“Y más tarde Hawa cantó una canción, sorprendiéndome con una voz que era poderosa y real. Poco a poco las demás se le unieron, y después de unos versos me animé a cantar con ellas”




Aminatta Forna fue nombrada por la revista Vanity Fair una de las jóvenes escritoras africanas más prometedora, sin embargo en varias ocasiones ella ha comentado que no se ve dentro de esta clasificación.
Nació en Aberdeen (Inglaterra) en 1964. Con seis meses, junto con su familia regresó a Sierra Leona, el país donde su padre había nacido y del que había marchado para estudiar medicina en Escocia.
Tras la separación de sus padres, Aminatta vive a caballo entre Inglaterra con su madre, una escritor escocesa, y Sierra Leona donde su padre se implicó en la vida política, llegando a ser ministro de finanzas, hasta que una noche cuando ella tenía 10 años se lo llevaron de casa y no volvió a verlo más.
En su primera novela “El diablo que bailaba en el agua” narra esta historia. Este libro recibió varios galardones y después le seguiría “El jardín de las mujeres” que Alfaguara publicó en 2006 como una de las mejores novelas de ese año.
Sus obras han sido traducida a dieciseis idiomas.
Estudió derecho en University Colleg de Londres.
Es una periodista influyente que ha escrito en Granta, The Guardian, The Observer y Vogue. También ha escrito para la BBC, radio y televisión.
Pertenece a la Real Sociedad de Literatura y actualmente es profesora de escritura creativa en Bath Spa University.
Participa además en varios proyectos humanitarios relacionados con la salud y la educación.
En 2014 Aminatta ganó el Premio de Literatura Donald Windham-Sandy M. Campbell otorgado anualmente por la Universidad de Yale. También ha sido finalista para el Premio Neustadt 2016.
Aminatta Forna fue condecorada con la OBE(Orden del Imperio Británico) en 2017 por su contribución a la literatura.

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