“Empecé a recoger esas palabras como semillas y las metí en un cuaderno, resguardadas, apretadas junto a mí, como se hace cuando se recogen las semillas y se colocan en un papel para secarlas y, una vez preparadas, se colocan en botecitos de cristal en la despensa o en el cuartillo, para la próxima siembra. Así fue como las palabras de mi familia comenzaron a viajar del pueblo a la ciudad y a conocer una nueva tierra a la que agarrarse.” “Puede que yo también quiera reconocerme así: Pertenecer al clan de las mujeres que llevan una espiga clavada en el pecho. Lejos del Mar. Cuidar con las manos llenas de tierra, quitar las malas hierbas. Aliñar las aceitunas, preparar conservas al baño María.” “Mi abuela no sabe escribir, pero lleva el huerto ella sola...” “Yo te preparo y te regalo el ajuar, pero no hace falta que te cases, que tú te apañas muy bien sola” “las manos de mi abuela no saben de libros y cuadernos, pero sí del frío y de la tierra” Un libro que me ha devuelto a mi infancia y...