“Empecé a recoger esas palabras como semillas y las metí en un cuaderno, resguardadas, apretadas junto a mí, como se hace cuando se recogen las semillas y se colocan en un papel para secarlas y, una vez preparadas, se colocan en botecitos de cristal en la despensa o en el cuartillo, para la próxima siembra. Así fue como las palabras de mi familia comenzaron a viajar del pueblo a la ciudad y a conocer una nueva tierra a la que agarrarse.”
“Puede que yo también quiera reconocerme así: Pertenecer al clan de las mujeres que llevan una espiga clavada en el pecho. Lejos del Mar. Cuidar con las manos llenas de tierra, quitar las malas hierbas. Aliñar las aceitunas, preparar conservas al baño María.”
“Mi abuela no sabe escribir, pero lleva el huerto ella sola...”
“Yo te preparo y te regalo el ajuar, pero no hace falta que te cases, que tú te apañas muy bien sola”
“las manos de mi abuela no saben de libros y cuadernos, pero sí del frío y de la tierra”
Un libro que me ha devuelto a mi infancia y en el que he reconocido el mundo de las mujeres que me precedieron.
Unas páginas que devuelven a las mujeres rurales el valor que pocas veces se les ha dado, que les reconoce la dignidad y la visibilidad que se les niega aún hoy en pleno siglo XXI.
María Sanchez nació en Córdoba en 1989. Es veterinaria de campo. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías como Apuestas (La Bella Varsovia, 2014). Colabora habitualmente en medios digitales y de papel sobre literatura, feminismo, ganadería extensiva y cultura y medio rural. Coordina el proyecto Las entrañas del texto, desde el que invita a reflexionar sobre el proceso de creación, y Almáciga, un pequeño vivero de palabras del medio rural de las diferentes lenguas de nuestro territorio...

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