Panza de Burro es un libro brutal, en el mejor sentido de la palabra, un libro que ha zarandeado mis emociones, llevándome desde la carcajada hasta la sensación de angustia profunda que no se borra aún después de dejar el libro.
Me lo recomendó mi hija Irene, que últimamente me acerca a escritoras jóvenes y fantásticas y cuyas recomendaciones son siempre un seguro de buena lectura, no en vano, siempre decimos que nos parecemos mucho “por dentro”.
La historia es una historia de lo más sencilla aparentemente. Dos amigas casi adolescentes en un entorno rural en el que pueden campar a sus anchas por las calles, por los campos y con una playa de fondo y lejana a la que ansían ir.
En realidad el libro es “solo eso”, la amistad entre la narradora y su amiga Isora, sus correrías, sus diálogos, sus pensamientos, sus juegos...
“Me encantaba la capacidad de Isora para decir que no a la gente. Ella no tenía miedo de que la dejasen de querer. Decía lo que le apetecía cuando le daba la gana.”
El día a día de estas niñas está dibujado con toda la fuerza de ese mundo que ambas crean y donde aparecen la idea enorme y profunda de lo que significa la amistad, el sexo en la adolescencia, con toda la fuerza y la brutalidad del descubrimiento, las relaciones familiares no siempre sencillas y su pueblo, su barrio, su campo..., porque el entorno también es fundamental en esta historia que se desarrolla en un ambiente rural de pocos medios económicos,
“Azul marino, rosado, amarillo, más amarillo, amarillo quemado, amarillo huevo frito, rojo. Así eran las casa del barrio, de muchos colores, como las casillas del ludo. De todos los colores y a medio empezar, a medio terminar, pero ninguna completa, eran casas como monstruos incompletos...” “...Como pajaritos que fabrican los nidos unos cerca de los otos, unos encima de los otros, para protegerse.”
“Cuando llegamos a las losas levantadas, vimos el pueblo todo, todito. Vimos Redondo, el barrio de por la izquierda, y otros barrios de por los lados que no sabíamos bien ni cómo se llamaban. Cubiertos de nubes, de posmita, de tristeza gris oscura.”
Todas las críticas están de acuerdo en que la gran fuerza de este libro es el lenguaje, el modo en que su autora utiliza ese lenguaje popular canario. Tiene la fuerza de un lenguaje más oral que escrito, verdadero de las gentes de los pueblos, alejado del lenguaje normativo o literario, pero con el que nos transmite toda la profundidad de la vida de estas chicas-niñas, con la admirable capacidad de hacernos estar allí, sentirnos ellas, sentir con ellas y trasladarnos en segundos de lo mugriento y sucio a lo más divertido o lo más tierno.
Creo que parte de esa fuerza es mostrar sin ningún tipo de tabúes, ese mundo adolescente tan parecido a ese volcán que les acompaña oculto por las nubes y siempre a punto de estallar, ese mundo de deseos, de experiencias, de sentimientos complejos y fuera de control y hacerlo con su lenguaje propio, sin ambages.
Panza de Burro me gustó nada más empezar a leerlo, pero sin duda llegar al final me demostró que es mucho mas grande de lo que pensé en un principio.
Andrea Abreu López nació en Tenerife en 1995 Como periodista, Andrea ha colaborado para diferentes medios, como 20minutos.es, Tentaciones (EL PAÍS), Oculta Lit, LOLA (BuzzFeed), Quimera o Vice. Por otro lado, además de haber publicado sus textos literarios en diversas revistas y antologías, es codirectora del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares, y en 2019 fue ganadora del accésit del XXXI Premio Ana María Matute de narrativa de mujeres.


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