“Las tres” hace unos días desayunamos frente al mar en el paseo marítimo de Roquetas con un maravilloso mar en calma, sin apenas gente y tantos deseos de hablarnos que cuando nos dimos cuenta la mañana se había deslizado en silencio y casi era hora de comer.
Esos desayunos mañaneros tienen risas, a veces alguna lágrima emocionada, y muchas charlas de nosotras, de libros, de viajes, de la escuela que siempre será nuestra.
Maria José siempre aparece con un regalo, siempre consigue arrancarnos una sonrisa con él. Esta última vez fue un libro, un libro que ya pasó por sus manos, vivió en su casa y ahora vuela a las nuestras, manos y casas. Siempre acierta.
En este caso conmigo hizo un poco de trampa. Ella sabe de mi debilidad por Concha Castro, así que me regaló un libro de ella: “Diario de las horas diversas”.
Te llevaré, ¡Oh mar! en mi memoria.
Cuando sea el adiós definitivo
pinta de azul mi estancia convertido
en el breve resumen de mi historia.
Concha Castro es gallega de nacimiento y almeriense de corazón. Yo conocía sus obras de poesía infantil y hace unos años hice con mi alumnado una secuencia para la Semana del arte del cole en la que preparamos un recital de poesía con sus poemas.
Investigamos sobre ella y se convirtió en “nuestra amiga” sin conocerla. A través de María José aceptó venir al colegio a tener un encuentro con la clase para que pudiésemos entrevistarla y preguntar las cosas que no habíamos encontrado en nuestra investigación.
Parte del trabajo podéis verlo en el que era nuestro blog de aula. “GNOMITAS Y GNOMITOS”
Pero lo más hermoso de todo fue ese encuentro donde descubrimos una Concha Castro dulce, tranquila, humana, que llegó totalmente al corazón de mi chiquillería y al mio. Nos habló de su , de su pueblo, de su familia, de sus escuelas, de su amor por las niñas y los niños y su deseo inmenso de acercarlos a conocer el lujo inmenso de vivir la lectura como la mejor de las aventuras.
No puedo olvidar a Pablo recostado sobre su hombro, mientras ella nos contaba montones de historias.
A Concha lo que más le gusta son las aguas del mar, las camelias y las hortensias. Ya de pequeña le encantaba la poesía y se sabía de memoria cientos de poemas. Empezó a escribir casi desde que se recuerda, pero lo hizo mucho más para sus alumnas y alumnos porque en la escuela no tenían libros.
Ha sido una maestra comprometida con una escuela donde las niñas y niños aprendan la vida con ayuda de la lengua o las matemáticas o las ciencias, pero que aprendan la vida.
Cuando la conoces te apetece mucho darle las gracias y abrazarla, huele a ternura y comprensión en dosis generosas y te regala paz en forma de sonrisa leve.
Además ha escrito más de una veintena de libros: novela, relatos y poesía, muchos de ellos en el campo de la literatura infantil y juvenil y es miembro del Instituto de Estudios Almerienses, colabora con el Centro Andaluz de las letras y varios medios de comunicación.
Ha recibido el Premio Nacional de Relatos para Enseñantes por “La tía Trudi” el premio extraordinario de la FAO de Naciones Unidas por “Hambre de todos los colores” en 1997, ha recibido el ánfora de plata de poesía por “V centenario de Melilla” y el premio Poesía Ciudad de Coín por “Fue ayer” .
Ha sido finalista del Premio Lazarillo por “recítame un cuento” y del Premio Andalucía por la Lectura por “Copi y Seco en Crecedur”, del premio de poesía Victoria Kent por “Dulce septiembre” y del premio de poesía de Ibercaja por “Padre Mar”.
Diario de las horas diversas es un poemario muy “Concha”, pausado, sencillo, dulce y profundo a la vez.
Yo lo leí a la orilla del mar en la playa desierta de mis no vacaciones y con sus poemas, como ella, pude hablar también con el “Padre Mar”.

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