“La búsqueda de la justicia pretende una clase de reparación que es imposible de hallar, porque el monstruo vivirá eternamente en las pesadillas que arrastramos desde el pasado y solo cesará con nuestra propia inmolación”
He descubierto a la autora con este libro, aunque tiene una trilogía anterior (El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta).
Las dos veces lo compré para un regalo, la primera llegó a su destinataria, pero la segunda, acabó quedándose en mis manos.
Ha sido mi cuarto libro de este verano, nos narra la historia de un asesinato, el de Álvaro, casado felizmente con Manuel. Este descubre al morir su marido que Álvaro llevaba una doble vida en la que gestionaba con éxito los negocios de su familia en la Ribera Sacra.Manuel, un escritor madrileño de éxito, viaja hasta Galicia donde le esperan un puñado de sorpresas: Álvaro lo deja heredero de la fortuna de su familia, una familia poderosa con un título nobiliario que oculta demasiados secretos y descubre que lo que parecía un accidente acaba siendo un asesinato.
Una vez allí conoce a Nogueira, un guardia civil recién jubilado y a Lucas, un cura amigo de la infancia de Álvaro, que serán quienes le acompañen en la búsqueda de lo que realmente pasó.
Aunque el protagonista es Manuel, creo que el personaje más interesante es Nogueira, a quien la autora nos lo transforma a lo largo de la historia.
El libro me ha parecido ameno y entretenido, de los que estás deseando de llegar al final para saber realmente que ha pasado, pero creo que le sobran algunas páginas y a veces se pasa en las descripciones o en las reflexiones intimistas del protagonista.
Dolores Redondo nació en San Sebastián en 1969. Estudió Derecho.En 2009 publicó su primera novela “Los privilegios del ángel”.
Después llegará la trilogía del Baztán y por último el premio Planeta 2016 con “Todo esto te daré”.
“La escritura nace de la pura miseria, del dolor inconfesable, de los secretos que moriran con nosotros, porque la magia consistía en insinuarlos sin mostrarlos jamás, sin dejar que la desnudez del alma se convirtiese en pornografía de las emociones”

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